domingo, 18 de marzo de 2018


La noche del viernes 18 de marzo de 1938, el general Lázaro Cárdenas se presentó ante los medios de comunicación, principalmente prensa y radio, para anunciar uno de los hechos más trascendentes en la historia de los Estados Unidos Mexicanos: la expropiación petrolera en contra de las empresas extranjeras que explotaban nuestros mantos petrolíferos y realizaban la refinación. Los obreros de esta industria eran discriminados en los pagos en relación con los trabajadores extranjeros, quienes ganaban más en igualdad de circunstacias. Los mexicanos hicieron estallar la huelga exigiendo mejores condiciones salariales. El asunto llegó en última instancia hasta la Suprema Corte de Justicia, la que rindió un fallo favorable a los trabajadores nacionales. Las empresas extranjeras se negaron a acatar dicho fallo, por lo cual el presidente Cárdenas tuvo a bien disponer, en beneficio de la Nación, expropiar sus bienes. De inmediato fue nombrado como primer director de la industria nacionalizada, al ingeniero Victor Cortés Herrera.

La expropiación petrolera consistió en la apropiación legal del petróleo que explotaban 17 compañías extranjeras para convertirse en propiedad de los mexicanos. Entre ellas figuraban Mexican Petroleum Company of California, Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila” y la Compañía Exploradora de Petróleo la Imperial S.A., que hoy forman las más grandes corporaciones internacionales de comercialización del “oro negro”. Se llevaría a cabo como consecuencia de la intransigencia de parte de las empresas petroleras para negociar un contrato general de trabajo con el recién creado Sindicato Único de Trabajadores Petroleros.

El anuncio de la expropiación se daba después del que el presidente Lázaro Cárdenas mantuviera reuniones privadas con los representantes y dueños de las compañías implicadas, con el fin de mediar y llegar a una solución que beneficiara a ambas partes. A las 8 de la noche del 18 de marzo de 1938, el presidente Lázaro Cárdenas se reunió con su gabinete y anunció que había decidido nacionalizar las empresas petroleras. Dos horas más tarde se escuchaba en la radio del país el anuncio dado por el presidente, el cual decía que las compañías petroleras serían nacionalizadas por haberse negado a cumplir con las leyes nacionales.

La decisión dejó absorta a la población y su apoyo se hizo presente. Hubo dos grandes marchas en la ciudad de México que manifestaron el respaldo de los mexicanos: la del 23 de marzo, a la que asistieron casi cien mil personas y la del 12 de abril, que se llevó a cabo en el Palacio de Bellas Artes y que tuvo como peculiaridad la participación de mujeres de todos los sectores sociales dispuestas a cooperar para pagar la deuda que se tenía con las compañías.

La expropiación petrolera marcó la historia de México, ya que dio pie a una nueva manera de administrar y suministrar el petróleo mexicano.